Se dice de una mujer que vive en los sitios enmarañados del país,
cuentan que cuando se baña en las
orillas de los ríos ocasiona múltiples
desastres naturales como inundaciones y otros, no le gusta que le invadan sus territorios, pero además
maldice los ganados con plagas, no se le puede apreciar el rostro pero el resto
del cuerpo está rodeado por musgos, esta leyenda también se conoce en
Argentina, Brasil y Paraguay donde se tienen diferentes nombres como Madre selva y madre de los cerros.
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miércoles, 28 de enero de 2015
martes, 27 de enero de 2015
Leyendas-El origen de los Brocardos
En la jurisprudencia española, más de 300 resoluciones del
Tribunal Supremo emplean el término brocardo como sinónimo de axioma jurídico;
por ejemplo, el cuarto fundamento de derecho de la sentencia 811/2014, de 3 de
diciembre, se refiere a que cabe invocar el principio objetivo de
responsabilidad por riesgo acorde con el brocardo "qui sentit commodum,
debet sentire incommodum"; sin embargo, paradójicamente, la RAE aún no
admite esta voz en castellano por lo que debemos buscar su definición en otros
diccionarios.
En francés, según el Grand Larousse Universel [París, 1989, tomo
III, p. 1516] es una regla de derecho expresada de forma enérgica y concisa.
Este volumen también aporta otro dato interesante: brocardo procede del latín
brocardus y es un epónimo; es decir, se trata de una palabra que se ha formado
a partir del nombre de una persona [como sucede con el delito de simonía; los
sustantivos boicot, guillotina, linchamiento o tontina; o el adjetivo
draconiano]. Llegados a este punto, la pregunta es evidente: ¿desde cuándo se
denomina así a los aforismos jurídicos [dura lex sed lex, non bis in idem, iura
novit curia, pacta sunt servanda, nullum crimen nulla poena sine lege, etc.] y
quién fue el personaje histórico que lo inspiró?
Su origen se remonta a comienzos del siglo XI. Justo en el
año 1000 de nuestra era, Burchard [Burkhard o Burcardo] es designado obispo de
la ciudad alemana de Worms (Renania-Palatinado). Hasta su fallecimiento, en
1025, desde su sede en la impresionante catedral imperial de san Pedro logró
recopilar dos grandes colecciones de Derecho Canónico para facilitar la
divulgación y conocimiento de las normas que, por aquel entonces, regulaban
tanto la organización y funcionamiento de la Iglesia como el culto católico;
Lex familiae wormatiensis ecclesiae y Decretum. Aquellas recopilaciones de
reglas tuvieron tanto éxito que a partir de la adaptación latina de su nombre,
Buchardus Wormatiensi, se creó la voz brocardo con la que, desde entonces, se
conocen los habituales “latinajos” en el ámbito del Derecho.
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