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miércoles, 1 de julio de 2015

Leyendas Urbanas La India Dormida

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POR LUISITA AGUILERA P.

Llegó el día en que Piria iba a ser consagrada esposa del sol. Tendida en su estera la joven pasó revista a todos los acontecimientos de su vida, desde su feliz infancia hasta su lozana juventud. Con ternura recordó a su madre siempre dulce y cariñosa, y a su padre Mani Yisu cuya sola presencia hacia temblar a sus mujeres pero que desarrugaba su adusta faz al verla. Jamás escuchó de esos labios imperativos y severos para cuantos lo rodeaban, un no a un anhelo, a un deseo suyo. —¡Viejo y querido padre! —murmuró con los ojos nublados por el llanto—. ¡Cuán solo te encontrarás después de mi partida! Recordó luego a Chirú. El apuesto y valiente guerrero que se prendó de sus hechizos y que en poéticas palabras le mostrara su pasión. ¡Cómo latió su corazón por el extranjero gentil! En las verdes praderas, bajo las noches estrelladas, él le habló de su amor y sus ensueños. ¡Cuántas veces ruborosa dejó apri- sionar sus manos por las fuertes y ardorosas del mancebo! ¡Cuántas veces se contempló en aquellos ojos que con tanta ternura la miraban! ¡Cuántas veces estuvo a punto de dar el sí, de besar esos labios que temblaban amorosos! Y cuántas veces también una fuerza inexplicable dominadora de su voluntad impuso silencio a su emoción.

¡Pobre Chirú! ¿Dónde estaría ahora? Unos decían que había muerto; otros que había partido a regiones lejanas. ¡Al pensar en todo esto sentía un poco de pena por él...!

De pronto su pensamiento se detuvo en Montevil, aquel joven de su tribu que también la pretendiera. Ambicioso, arrogante y de un valor a toda prueba, su padre aceptó con agrado sus razones. Ella no; el mozo sólo recibió desdenes. Pero por mucho tiempo no olvidó el gesto de rencor que se dibujó en la faz de su enamorado ante el no rotundo con que le puso fin a sus aspiraciones. Nunca contó a su padre sus temores de que Montevil quisiera vengarse y se alegró de su actitud. Él pareció olvidarla, y al final, ella también olvidó. Mas ahora sin saber por qué, el gesto de aquel hombre volvía a atormentarla. Un funesto presentimiento oprimió su pecho. Con un esfuerzo de voluntad se rehizo.mas en .elvalle.com.pa 

martes, 30 de junio de 2015

Leyendas y cuentos - Mala suerte, buena suerte, quién Sabe

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Cuento chino

Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus vecinos le consideraban afortunado porque tenía un caballo con el que podía arar su campo. Un día el caballo se escapó a las montañas. Al enterarse los vecinos acudieron a consolar al granjero por su pérdida. “Qué mala suerte”, le decían. El granjero les respondía: “mala suerte, buena suerte, quién sabe”.

Unos días más tarde el caballo regresó trayendo consigo varios caballos salvajes. Los vecinos fueron a casa del granjero, esta vez a felicitarle por su buena suerte. “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”, contestó el granjero.

El hijo del granjero intentó domar a uno de los caballos salvajes pero se cayó y se rompió una pierna. Otra vez, los vecinos se lamentaban de la mala suerte del granjero y otra vez el anciano granjero les contestó: “Buena suerte, mala suerte, quién sabe”.

Días más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Los aldeanos, ¡cómo no!, comentaban la buena suerte del granjero y cómo no, el granjero les dijo: “Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”.

Anthony de Mello
Sadhana, un camino de oración
SAL TERRAE, 1992
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