Una madre malcrió a su hijo al extremo, siendo que nunca le
marcó los límites como debía, tampoco lo dejaba hacer las tareas con el resto
de la tribu, lo mantenía apartado, el niño creció y ya nada quiso saber de
obedecer a las personas que eran mayores a él, incluso tenía muchos problemas
con los demás miembros de su gente, así es que un día el cacique decidió
condenar a este chico por su mal comportamiento haciendo un sacrificio con él
para que todos comprendan lo mal que estaba ese grado de rebeldía y cuando su
madre se acercó para abrazarlo antes de su muerte, él la mordió quitándole la
oreja y diciéndole que todo era su culpa por no educarlo desde pequeño como era
necesario.
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domingo, 25 de enero de 2015
viernes, 5 de diciembre de 2014
Anécdotas, Mitos y leyendas La furia del dios de la Tormenta
Mitología hitita
El dios del Sol preparó una gran fiesta a la que invitó a
todos los dioses. No faltaba de nada en esta ceremonia, comida, bebida, música,
danza… pero los invitados comían y bebían, pero no satisfacían ni su hambre ni
su sed. Apareció entonces un anciano, quien explicó el extraño suceso y les
comunicó que todo se debía a la furia de su hijo, el dios de la Tormenta, quien
había desaparecido llevándose consigo todo lo bueno.
Todos los dioses decidieron buscarle para invitarle y así
recuperar los placeres, pero no le encontraron. Desesperado, el padre del dios
de la Tormenta recurrió a la gran diosa Kamrushepa. Esta le comunicó que su
hijo se había enojado y por eso estaba todo seco. Le ordenó traer una abeja a
la que dio instrucciones para que retomara la búsqueda.
La abeja encontró al dios buscado dormido en un bosque y lo
despertó con la picadura de su aguijón. El dios enloqueció de ira y éste se
vengó con una fuerte lluvia torrencial, acompañada de rayos y centellas contra
los humanos. El resto de dioses, estupefactos, imploraron a la diosa
Kamrushepa, que era la única capaz de apaciguar al dios.
jueves, 27 de noviembre de 2014
Anécdotas, mitos y leyendas para Niños y adultos…La Viuda
Los jinetes solitarios y su cabalgadura, siempre abrigan el
temor de un encuentro, en algún recodo del camino, con la fatídica Viuda. En la
obscuridad de la noche, de pronto el caballo se encabrita y se niega a seguir
su camino. Sólo continúa adelante, aguijoneado por las filudas espuelas y
rebencazos de su amo; más, a poco de andar, el caballo lanza fuertes relinchos
y se desboca en alborotada carrera; guiado ahora, no por las riendas que
mantiene en las manos su jinete, sino por la magia de la Viuda, que se encaramó
a sus ancas.
Ya no se detendrá, ni siquiera frente al próximo barranco, en
donde se precipita, empujado, con fuerza titánica, por la Viuda: jinete y
caballo encontrarán la muerte en el fondo de la quebrada. Cuando los viajeros
nocturnos escasean, por los caminos, la Viuda se acerca a los poblados en busca
de algún peatón transnochador y en estas ocasiones se deja ver en alguna
ventana iluminada. Los moradores son invadidos de intenso temor y confusión, al
observar su horrible cara, de palidez cadavérica, con grandes ojos brillantes y
movedizos, y su cabellera tiesa amarrada con un velo negro que cae hasta barrer
el suelo, junto a su largo vestido.
Los varones más valientes, salen presurosos
a perseguirla; la ven deslizarse sobre el suelo, con la velocidad del viento y
es imposible alcanzarla, si ella así no lo permite; en los despoblados tras
algunos matorrales, se detiene junto a uno de sus perseguidores, para disfrutar
con él las delicias del amor.... El infortunado o afortunado, regresa a su casa
aturdido, como ebrio, arañado en el rostro y en las manos, con sus ropas
parcialmente descosidas y desabrochadas. En estos últimos tiempos y marchando
con los avances de la ciencia y de la técnica, se dice que la viuda también se
encarama a los automóviles, de volantes solitarios, especialmente si llevan
algunos grados de alcohol en la sangre.
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