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lunes, 6 de abril de 2015
martes, 31 de marzo de 2015
jueves, 26 de marzo de 2015
viernes, 13 de marzo de 2015
miércoles, 22 de octubre de 2014
Mitos y Leyendas Urbanas… El Cóndor
Se dice que en un pueblo, un hombre vivía con su hija. La
hija cuidaba ovejas y otros animales y cada día un joven vestido con elegancia
iba a visitarla, el joven tenía un traje negro hermoso, chalina blanca y un
gran sombrero. Cada día el joven iba a visitar a la jovencita, y se hicieron
buenos amigos.
Un día comenzaron a jugar así: “Álzame tú y yo te alzaré”.
Comenzaron el juego, y el joven alzo a la joven. Recién cuando la había alzado
en alto, la joven se dio cuenta de que estaba volando.
El joven puso a la niña dentro de un nido en un barranco.
Allí el joven se convirtió en cóndor. Por varios meses el cóndor cuido a la
joven, le daba toda clase de carnes para comer y bebidas para tomar.
Cuando habían estado unos años juntos, ella llego a ser
mujer y dio a luz un niño, pero, la ya ahora mujer, lloraba día y noche por su
padre, a quien había dejado en su pueblo.
“¿Cómo puede estar solo mi padre? ¿Quién está cuidando a mi
padre? ¿Quién está cuidando a mis ovejas? Devuélveme a mi casa”, le rogaba la
mujer al cóndor pero él hacia caso omiso a sus peticiones.
Un día un picaflor apareció. La mujer le dijo: “¡Ay,
picaflor! no tengo ninguna manera de bajar de aquí, Hace más de un año, un
cóndor, convirtiéndose en joven, me trajo aquí. Ahora soy mujer. Y he dado a
luz a su hijo”.
El picaflor le contestó: “Escúchame, no llores. Te voy a
ayudar.Iré a contarle a tu papá dónde estás, y tu papá vendrá a buscarte”.
La joven le dijo: “Escúchame, picaflor. ¿Conoces mi casa,
no? En mi casa hay muchas flores, te aseguro que si tú me ayudas, todas las
flores que hay en mi casa serán para ti”.
Cuando dijo eso, el picaflor voló contento al pueblo, y fue
a decir al padre de la mujer: “He descubierto dónde está tu hija. Está en un
nido en el barranco.
Es la mujer de un cóndor, va a ser difícil bajarla. Tenemos
que llevar un burro muerto”, dijo el picaflor, y explico su plan al viejo.
Dejaron el burro muerto en el suelo. Y mientras el cóndor
estaba comiendo el burro, el picaflor y el viejo ayudaron a la jovencita a
bajar del barranco.
Después llevaron dos sapos: uno pequeño y otro grande,
dejaron los sapos en el nido del barranco. Bajaron el viejo y su hija y fueron
hacia el pueblo.
El picaflor fue donde estaba el cóndor, y le contó: “Oye,
cóndor. Tú no sabes que desgracia hay en tu casa”. “¿Que ha pasado?” el cóndor
le preguntó. “Tu mujer y tu hijo se han convertido en sapos”. El cóndor
sorprendido se fue volando a ver. Ni la joven, ni su hijo estaban dentro del
nicho, solamente dos sapos.
El cóndor se asustó, pero no pudo hacer nada; y el picaflor
está todos los días entre las flores en la casa de la jovencita.
Mientras ella, su hijo y su padre viven felices en la
comunidad.
domingo, 12 de octubre de 2014
Mitos y Leyenda de Asia … El Gato Sagrado de Birmania
Muchos siglos atrás, en Birmania, había un templo dedicado a
Tsun-Kyan-Kse, la diosa budista de la transmutación. Allí vivían cien gatos de
largo y hermoso pelo blanco y ojos amarillos.
Se creía que dentro de estos animales sagrados habitaban las
almas de los monjes que habían fallecido.
La diosa Tsun-Kyan-Kse estaba representada por una estatua
con los ojos de zafiro azul y un monje, llamado Mun-ha, tenía la costumbre de
rezar todas las tardes ante ella acompañado por uno de los gatos, Sinh.
Cierta desventurada tarde, unos bandoleros de Siam asaltaron
el templo para robar sus riquezas y atacaron al anciano monje, hiriéndole
fatalmente ante la mirada del gato Sinh.
En el momento de la muerte de Mun-Ha, Sinh puso sus patas
sobre él y miró hacia los ojos de la estatua de la diosa. La tradición cuenta
que, en ese instante, el alma del monje se introdujo en el cuerpo del gato.
El pelaje blanco de Sinh adquirió el tono dorado de la diosa
y sus ojos amarillos se volvieron azul zafiro. Su rostro, cola y piernas
oscurecieron con el color marrón de la tierra. Sus zarpas continuaron siendo
blancas como la túnica de su amigo, el fallecido Mun-Ha.
Cuando los atónitos y asustados monjes vieron la
transformación de Sinh, se llenaron de valor y lucharon contra los bandidos
hasta hacerlos huir.
A la mañana siguiente, los otros 99 gatos del templo habían
sufrido el mismo cambio que Sinh, dando así lugar a la raza felina llamada “el gato
sagrado de Birmania”.
En cuanto a Sinh, pasó nueve días sin comer ni beber hasta
que murió, llevándose con él, al paraíso, el alma de su amado amigo Mun-Ha.
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