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jueves, 26 de junio de 2014

Mitos y Leyendas ... Diosa Enio


Esta diosa aparecía representada como una mujer fuerte, valerosa, generalmente en actitud de combate, en algunos relives aparece luchando, siempre dando ánimos y primando el coraje de sus compañeros de lucha, conocida por el epíteto homérico de “Destructora de Ciudades”.

Enio era la compañera perfecta de Ares: si uno era el dios de la la Guerra, la otra era la diosa de las Batallas, de hecho se consideraba que Ares y Enio eran hermanos que frecuentemente acudían juntos a la guerra, con Enio encargada de preparar la má­quina de guerra para Ares, su carro.

Tanto Ares como Enio recibieron un culto muy arraigado y pro­fundo en Roma, tanto en la ciudad como en el Imperio, recibiendo un tributo similar a la diosa Belona, cuyo templo en Roma servía para mantener las reuniones de los senadores con emisarios extran­jeros, como muestra del peligro que todo lo foráneo podía provocar. Además era el lugar donde los feriales, casta militar de sacerdotes, estaban autorizados a declarar la guerra contra los enemigos.

Las fiestas en honor de esta divinidad estaban controladas por es­tos sacerdotes y en ellas participaban fundamentalmente hombres, que en las procesiones recorrían las ciudades autolesionándose, para conseguir los favores de la diosa. En Tebas y Orcómeno se celebraba un festival en honor de Zeus, Deméter, Atenea y Enio.

Leyendas y Mitos.. .La Casa del Trueno (Leyenda Totonaca) parte 2


Pasaron los siglos…

Y un día arribaron al lugar grupos de gentes ataviadas de un modo singular, trayendo consigo otras costumbres, y otras leyes y otras religiones. Se decían venidos de otras tierras allende el gran mar de turquesas (Golfo de México) y tanto hombres, como mujeres y niños, tenían la característica de estar siempre sonriendo como si fueran los seres más felices de la tierra y tal vez esa alegría se debía a que después de haber sufrido mil penurias en las aguas borrrascosas de un mar en convulsión habían por fin llegado a las costas tropicales, donde había de todo, así frutos como animales de caza, agua y clima hermoso.

Se asentaron en ese lugar al que dieron por nombre, en su lengua Totonacan y ellos mismos se dijeron totonacas.

Pero los sacerdotes, los siete sacerdotes de la caverna del trueno no estuvieron conformes con aquella invasión de los extranjeros que traían consigo una gran cultura y se fueron a la cueva a producir truenos, relámpagos, rayos y lluvias y torrenciales aguaceros con el fin de amendrantarlos.

En los antiguos registros que los milenios han borrado, se dice que llovió mucho y durante varios días y sus noches, hasta que alguien se dió cuentra de que esas tempestades las provocaban los siete hechiceros, los siete sacerdotes de la caverna de los truenos.

No siendo amigos de la violencia, los totonacas los embarcaron en un pequeño bajel y dotándoles de provisiones y agua los lanzaron al mar de las turquesas en donde se perdieron para siempre.

Pero ahora era preciso dominar a esos dioses del trueno y de las lluvias para evitar el desastre del pueblo totonaca recién asentado y para el efecto se reunieron los sabios y los sacerdotes y gentes principales y decidieron que nada podría hacerse contra esas fuerzas que hoy llamos sencillamente naturales y que sería mejor rendirles culto y pleitesía, adorar a esos dioses y rogarles fueran magnánimos con ese pueblo que acababa de escapar de un monstruoso desastre.

Y en ese mismo lugar en donde había el templo y la caverna y se ejercía el culto al Dios del trueno, los totonacas u hombres sonrientes levantaron el asombroso templo del Tajín, que en su propia lengua quiere decir lugar de las tempestades. Y no sólo se rindió culto al Dios del Trueno sino que se le imploró durante 365 días, como número de nichos tiene este pasmoso monumento invocando el buen tiempo en cierta época del año y la lluvia, cuando es menester fertilizar las sementeras.

Hoy se levanta este maravilloso templo conocido en todo el mundo como pirámide o templó de El tajín en donde curiosamente parecen generarse las tempestades y los truenos y las lluvias torrenciales.

Así nació la pirámide de El Tajín, levantada con veneración y respeto al Dios del Trueno, adorado por aquellas gentes que vivieron mucho antes de la llegada de los extranjeros, mucho antes de la llegada de los totonacas, cuando el mundo parecía comenzar a existir.

Nota: Los Totonacas eran indígenas que ocupaban el territorio 

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