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domingo, 12 de octubre de 2014

Mitos y Leyenda de Asia … El Gato Sagrado de Birmania


Muchos siglos atrás, en Birmania, había un templo dedicado a Tsun-Kyan-Kse, la diosa budista de la transmutación. Allí vivían cien gatos de largo y hermoso pelo blanco y ojos amarillos.

Se creía que dentro de estos animales sagrados habitaban las almas de los monjes que habían fallecido.

La diosa Tsun-Kyan-Kse estaba representada por una estatua con los ojos de zafiro azul y un monje, llamado Mun-ha, tenía la costumbre de rezar todas las tardes ante ella acompañado por uno de los gatos, Sinh.

Cierta desventurada tarde, unos bandoleros de Siam asaltaron el templo para robar sus riquezas y atacaron al anciano monje, hiriéndole fatalmente ante la mirada del gato Sinh.

En el momento de la muerte de Mun-Ha, Sinh puso sus patas sobre él y miró hacia los ojos de la estatua de la diosa. La tradición cuenta que, en ese instante, el alma del monje se introdujo en el cuerpo del gato.

El pelaje blanco de Sinh adquirió el tono dorado de la diosa y sus ojos amarillos se volvieron azul zafiro. Su rostro, cola y piernas oscurecieron con el color marrón de la tierra. Sus zarpas continuaron siendo blancas como la túnica de su amigo, el fallecido Mun-Ha.

Cuando los atónitos y asustados monjes vieron la transformación de Sinh, se llenaron de valor y lucharon contra los bandidos hasta hacerlos huir.

A la mañana siguiente, los otros 99 gatos del templo habían sufrido el mismo cambio que Sinh, dando así lugar a la raza felina llamada “el gato sagrado de Birmania”.

En cuanto a Sinh, pasó nueve días sin comer ni beber hasta que murió, llevándose con él, al paraíso, el alma de su amado amigo Mun-Ha.

viernes, 10 de octubre de 2014

Mitos y Leyendas de África…El Dios Mulukú, el Primer Hombre y la Primera Mujer


La leyenda sobre el dios Mulukú, el primer hombre y la primera mujer es uno de los mitos africanos de la creación más conocidos.

Tras crear la tierra, el dios Mulukú pensó que sería una buena idea dar vida a una especie que la cuidara y la disfrutara: la especie humana.

Mulukú cavó dos agujeros en el suelo y de uno de ellos surgió el primer hombre y del otro surgió la primera mujer.

Mulukú no sólo era un dios creador sino que también era la divinidad de la agricultura y él mismo era un gran agricultor, el mejor de todos. Pensó que si regalaba a la primera pareja humana el don de la agricultura podrían sobrevivir por sí mismos y sin depender de nadie.

Mulukú dio al primer hombre y a la primera mujer semillas y herramientas y les enseñó el arte de la agricultura: les enseñó a cavar, arar, plantar las semillas, cuidar las plantas, podar, recolectar, etc.

Pero a la primera pareja no le gustaba trabajar y pronto dejó de seguir las indicaciones de Mulukú y descuidó la tierra que el dios les había entregado. Las plantas se secaron y los campos dejaron de producir.

Mulukú, enfadado por la desobediencia del primer hombre y la primera mujer arrancó la cola del cuerpo de los monos y se la puso a la pareja de humanos convirtiéndolos en monos.

El primer hombre y la primera mujer, ya transformados en monos, desaparecieron entre los árboles. Entonces, Mulukú convirtió a los que hasta ese momento habían sido monos en seres humanos y de ellos desciende la especie humana.

Y esta es la leyenda del dios Mulukú, el primer hombre y la primera mujer, una leyenda africana que esbozó la idea de que los seres humanos descendemos del mono mucho antes de que Darwin formulara su famosa teoría de la evolución.
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